Egon era un alemán o descendiente de alemanes irascible. Tenía un restaurant y bar, donde antes de la hora del almuerzo se juntaba mi viejo con sus amigos para tomar un vemouth.
El pueblo tenía una rivalidad con el pueblo vecino, que estaba separado por unos 35 kilometros de camino de tierra, que fuera posteriormente asfaltado.
En esa época corrian rumores que se instalaría un banco, ya sea en Monte Carlo o en Eldorado. Era importante lograr que el banco se instalara en el pueblo por el impacto económico que generaría.
Al vermouth del medio solía asistir Julieta de Wiedeman, una periodista local que tenía un programa de radio en el pueblo vecino que se llamaba Montecarlo, ustedes y yo. En dicho programa Julieta contaba las noticias y novedades del pueblo, razón por la que se acercaba al grupo en busca de novedades.
El grupo de amigos del viejo eran los influyentes del pueblo, y uno de ellos, don Jacobo, tenía el almacén de ramos generales mas grande del pueblo.
Cuando llega Julieta se ponen a hablar entre ellos sobre el banco, que era un Banco Internacional, y que se iba a instalar enfrente al almacén de don Jacobo. Julieta por supuesto escuchaba y al otro día lo publica en su programa de radio, que era escuchado en los dos pueblos que competían por el banco.
Enfrente al almacén estaba la parada el colectivo local, que llevaba y traia a la gente del pueblo, donde se instala ese mismo día un banco, de esos para sentarse.
Era un banco internacional, pues los que tomaban el omnibus eran de nacionalidad paraguaya, argentina, alemana y otros.
Julieta nunca les perdonó el papelón que hizo.